Un laboratorio más rentable gracias a la automatización de la recepción de muestras

Los preanálisis pueden contribuir en gran medida a aumentar la productividad del laboratorio clínico. En este caso, la automatización alivia al personal, acelera considerablemente los procesos y reduce significativamente la tasa de error.

En todo el mundo existen sistemas sanitarios organizados de forma muy diferente, a partir de los cuales se ha desarrollado una gran variedad de estructuras en las que se realizan análisis de laboratorio clínico para los pacientes. Sin embargo, los laboratorios de todo el mundo tienen algo en común: deben trabajar con la mayor eficacia, sin errores y de forma rentable.

En primer lugar, la atención se centra en el propio análisis, para el que se ofrecen diversas soluciones de automatización. Aunque sólo se realicen unos pocos análisis o ninguno, sigue siendo necesaria la alta cualificación médica del personal, incluso en el laboratorio automatizado, para llegar a evaluaciones correctas de los resultados de las mediciones y crear a partir de ellos los resultados correctos para los pacientes. La automatización del proceso central sirve así para garantizar una alta calidad constante de las pruebas y la ausencia de errores, así como la posibilidad de procesar un mayor volumen de muestras con el personal existente.

Pero los flujos de trabajo en torno al análisis también merecen mucha atención, porque el eslabón más débil de la cadena de procesos limita el rendimiento global del laboratorio. La atención se centra sobre todo en el preanálisis, es decir, en todas las actividades que tienen lugar entre la llegada de las muestras al laboratorio y su alimentación a las máquinas de análisis, que suelen tener que llevarse a cabo bajo una gran presión de tiempo.

Aquí es importante registrar la llegada de todas las muestras con prontitud, comparar las muestras disponibles con los pedidos, clasificar todas las muestras para que puedan enviarse correcta y rápidamente a los distintos puntos del análisis sin tener que volver a examinarlas.

Los llamados “clasificadores en masa” suelen encargarse de la mayor parte del trabajo, que es el más propenso a los errores. Con estos dispositivos, las muestras sueltas pueden reconocerse por el código de barras y el color del tapón y notificarse al LIS. A continuación, las muestras se clasifican según la respuesta del LIS.

Así, se cumplen los requisitos básicos para la automatización en el preanálisis, pero el bajo grado de automatización limita los posibles aumentos de productividad. Para una proporción considerable de muestras, sigue siendo necesaria la clasificación manual cualificada y el registro en el LIS por parte del personal médico presente de forma permanente.

Sin embargo, cuando estas tareas tienen que realizarse de cerca bajo la presión del tiempo durante las horas punta, incluso los empleados experimentados llegan a sus límites y las tasas de error aumentan inevitablemente. Las clasificadoras inteligentes de última generación ayudan en este punto, también pueden detectar y reconocer ópticamente todo lo que un empleado formado puede ver y procesar correctamente bajo su propia responsabilidad.

Reconocen qué tipo de tubo se ha utilizado, son capaces de leer códigos de barras aplicados de forma descuidada y características ópticas más allá del color del tapón para identificar las muestras. El “ojo digital” entrenado puede incluso juzgar si la muestra ha sido suficientemente centrifugada.

Estos dispositivos pueden incluso tomar sus propias decisiones de clasificación si han sido entrenados para ello. Por ejemplo, si reconocen que hay una muestra idéntica a otra ya recogida y ésta está destinada a un análisis diferente en un analizador distinto.

Con este ámbito de actuación, estos clasificadores inteligentes pueden trabajar en gran medida de forma autónoma sin la presencia de personal, que es lo que permite, en primer lugar, proporcionar un alivio relevante al personal médico para tareas cualificadas.

Con este alto nivel de automatización en el preanálisis, se puede aumentar el número de ciclos sin riesgo de que aumenten las tasas de error, por lo que estos dispositivos están diseñados para procesar una muestra cada segundo. Esto significa que cada pico en el laboratorio se procesa de forma rápida y segura, mientras que cada muestra procesada se documenta con un sello de tiempo, características reconocidas, objetivo de clasificación y una foto en 3D de la muestra en su estado de entrega.

La automatización en la preanalítica debe ser siempre igual al grado de automatización de la analítica. Aunque se utilicen analizadores de alto rendimiento de última generación, su potencial no puede aprovecharse plenamente en la práctica si el escaso personal médico está ocupado en el preanálisis, ya que éste es el cuello de botella en la cadena de procesamiento y ralentiza todos los procesos posteriores.

 

Autor: Volker Meliß, ASP AG