Historia

Aunque el término “Inhibina” fue propuesto originalmente en 1932 para referirse a una sustancia contenida en los extractos acuosos testiculares, que era capaz de evitar la hipertrofia hipofisaria y la formación de las denominadas “células de castración” en la pituitaria, y que sugería por tanto la existencia de una interrelación entre la hipófisis y las gónadas1, el uso contemporáneo del término hace referencia a un regulador específico de la secreción de hormona foliculoestimulante (FSH). Sin embargo, hasta su aislamiento y caracterización por diferentes grupos de investigadores hacia la mitad de la década de los ochenta2, hubo un escepticismo generalizado en relación con la existencia de la inhibina y sus potenciales funciones.

A pesar de que en estos años se llevaron a cabo estudios experimentales en ratas, con diferentes formas de daño testicular, el fracaso de los primeros ensayos que permitieran demostrar la relación inversa entre los valores séricos de FSH y la Inhibiba en varones con alteraciones testiculares, la utilidad clínica como marcador de función gonadal de las inhibinas estuvo llena de dudas por la comunidad científica.

Es quizás por ello que la inhibina no ocupa el lugar que debería en la práctica clínica diaria y su determinación se limita esencialmente a los protocolos de investigación.

 

Pero ¿qué son las inhibinas?

 

Las inhibinas son hormonas glucoproteicas secretadas por las células de Sertoli del testículo y por las células de la granulosa y de la teca del ovario, así como también, en menor proporción, por algunos tejidos Extra gonadales como la médula ósea, el cerebro, la hipófisis, el hígado y la glándula suprarrenal.

 

Estas hormonas actúan como moduladores endocrinos de la hipófisis, suprimiendo de forma selectiva la secreción de la hormona folículo estimulante (FSH). Las hormonas que realizan la función contraria, de estimular la producción de FSH se denominan Activinas y pertenecen a la misma familia.

 

¿Cuál es la utilidad clínica de la Inhibinas?

Estudios recientes han demostrado que la inhibina B es la forma de inhibina fisiológicamente importante en el varón, siendo los valores de inhibina A prácticamente indetectables.

En los hombres, la inhibina B es un marcador bioquímico que revela el estado real de la espermatogénesis y está establecida su correlación con concentración espermática y los niveles séricos de FSH. También es un marcador de la función testicular. Los niveles séricos de esta hormona disminuyen cuando se produce un daño espermático inducido por calor, criptorquidia, o atrofia post ligadura prolongada de los conductos deferentes. Es el parámetro más relevante en predecir la recuperación de espermatozoides en pacientes con azoospermia Secretoria.

En niños, la inhibina B junto con la testosterona y la hormona anti-Mulleriana, permite hacer el diagnóstico de la existencia o ausencia de testículos ectópicos. Un valor inhibina B indetectable es confirmatorio de anorquia (ausencia de testículos).

 

En la mujer, la inhibina B es más abundante en el líquido folicular de los folículos pequeños (fase folicular precoz), mientras que las concentraciones intrafoliculares de inhibina A tienden a ser mayores en los folículos maduros.

Los dos tipos diferentes de perfiles plasmáticos a lo largo del ciclo menstrual sugieren que las dos formas de inhibina pueden tener papeles fisiológicos diferentes en la mujer, y ello tiene implicaciones desde el punto de vista clínico-práctico. Así, la inhibina A se define como “potencial marcador de madurez folicular y de función luteínica, mientras que la inhibina B guarda una relación más directa con las concentraciones basales de FSH.  Las mujeres con niveles bajos de Inhibina B presentan ovulaciones alteradas en los ciclos de Fecundación In vitro, menores tasas de embarazo, mayor tasa de cancelación y mayor tasa de abortos.

En la mujer posmenopáusica y en casos de fallo ovárico prematuro, los valores séricos tanto de inhibina A como de inhibina B son prácticamente indetectables, mientras que esto no es así en las pacientes con amenorrea hipotalámica funcional. Por ello, la elevación de los valores de inhibina en la posmenopausia puede ser útil como marcador tumoral, especialmente para los tumores de células de la granulosa.

En las pacientes con síndrome de ovario poliquístico existe un incremento del pool de inhibina circulante (especialmente la B pero también la forma A) al que contribuyen los múltiples folículos de pequeño tamaño que caracterizan el cuadro.

De igual manera, La Inhibina A ha demostrado ser de utilidad en el estudio de la fisiología de la reproducción humana; por ejemplo, durante un embarazo sin complicaciones, los niveles de Inhibina en el suero materno primero disminuyen y luego se mantienen relativamente constantes durante el primer y segundo trimestre.  Mientras que, en embarazos afectados por Síndrome de Down, la concentración de Inhibina A se encuentra en promedio en una concentración al doble que los niveles normales.

Adicional a los usos clínicos mencionados anteriormente, tumores raros de las células granulosas del epitelio del ovario pueden ser diagnosticados con la determinación de las inhibinas en conjunto con el CA-125.

Para evaluar la efectividad del tratamiento y monitorear si se presenta una recidiva: La hormona AMH o las Inhibinas A/B se encuentran elevadas antes de iniciar el tratamiento, por lo tanto, medir los niveles de Inhibinas puede utilizarse para monitorear la efectividad del tratamiento en mujeres peri o postmenopáusicas, así como también para monitorear la recurrencia del tumor.

Annar Health Technologies cuenta con portafolio para la determinación de Inhibina A y B, kits por separado que utilizan la metodología ELISA. Estamos disponibles para atender los requerimientos de todos los laboratorios que quieran implementar esta prueba.

Elaborado por:

Rocío Ramos Avila
Especialista de aplicaciones

BIBLIOGRAFÍA

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